Propuestas
del INTA: pérdidas en cosecha y poscosecha
La rentabilidad nace en el suelo
Los técnicos del organismo ponen en marcha un programa que apunta a reducir un
20% las ineficiencias durante la recolección, el almacenamiento y el transporte
de los granos
CORDOBA.- Un sencillo kit, compuesto por un recipiente de lectura directa de
porcentaje de granos partidos y un par de pequeñas zarandas, será el "símbolo"
de un proyecto que el INTA está poniendo en marcha y que apunta a reducir las
pérdidas que se producen en la cosecha y poscosecha de granos en la Argentina.
La meta está cuantificada: si en tres años se lograra achicar en un 20 por
ciento el déficit comprobado en esos procesos se conseguiría un recupero de
cereales y oleaginosas que, medido en términos de saldo exportable, equivaldría
a una suma cercana a los 300 millones de dólares.
Los cálculos parten de ponderar que en los 26 millones de hectáreas que se
dedican a la producción de granos se pierde el 12,4 por ciento. Conviene tomar
notar de cuánto representa ese porcentaje: alrededor de 1500 millones de dólares
que no entran en el bolsillo de los productores ni de ninguno de los demás
sectores de la cadena agroindustrial. Esas son las pérdidas que se aspira a
reducir en una quinta parte en el próximo trienio.
El programa Propeco, en la primera mitad de la década del 90, antecesor del plan
que ahora se lanza, logró mejoras notables. Diez años después, las máquinas se
han modernizado una enormidad. No obstante, sigue siendo necesario que
productores, operarios y contratistas tengan puesto un ojo avizor en las
ineficiencias que se producen en la trilla.
El INTA ha ideado un "medidor" de fácil manejo que ayudará a mejorar la
operación de la máquina y controlar el daño mecánico en los granos de soja. Unos
pocos minutos de "medición" se traducirán en muchos pesos que, en lugar de
"partirse" serán dinero ganado por el agricultor o por el maquinista.
El empleo del kit de recipiente de lectura y zaranditas es sencillo: para medir
el daño producido por el sistema de trilla se detiene la máquina, se toma una
muestra debajo del cilindro con el recipiente evaluador, se vuelca su contenido
en el juego de zarandas y se separan los granos partidos. En la bandeja inferior
(ciega) quedarán los granos partidos, que vuelven a ser puestos en el recipiente
evaluador, en el cual se "hace" la lectura del porcentaje. Si éste es alto, se
impone una nueva regulación del cilindro trillador con menos revoluciones por
minuto (rpm) y más apertura. Naturalmente, hay que repetir la evaluación hasta
llegar a un punto satisfactorio.
La misma comprobación se debe hacer en el sistema de separación y limpieza, a la
salida del sinfín de descarga o sobre la tolva autodescargable. Otro tanto se
puede evaluar en la tolva de la embolsadora de un silo bolsa. "El porcentaje
total de daño mecánico con que el grano es guardado afecta directamente el éxito
del almacenaje", repara el ingeniero Mario Bragachini, coordinador nacional del
nuevo programa.
Los pilares del programa por desarrollar fueron recientemente debatidos en el
INTA Manfredi -que actuará como centro operativo- por técnicos de 14 estaciones
experimentales. En sus áreas de trabajo hay denominadores comunes como la
expansión de la soja, que invadió todas las zonas desplazando a los cultivos
predominantes antes de 2000 y, al mismo tiempo, las diferencias: en unas se
produce arroz, en otras algodón o porotos.
Otras realidades
El ingeniero Oscar Pozzolo, coordinador del proyecto en las provincias de Entre
Ríos y Corrientes, comentó que en la región se han incorporado 1,2 millón de
hectáreas a la agricultura. "Tenemos agudizado el problema de obsolescencia de
cosechadoras, falta de máquinas y de una infraestructura de acopio que no está
dimensionada a la nueva realidad", señaló el técnico.
Se añade a eso la escasez de operarios capacitados para las nuevas generaciones
de cosechadoras, máquinas que muchas veces no están bien equipadas, deficientes
regulaciones y trabajos a velocidades excesivas.
En la Mesopotamia el arroz es una alternativa bastante importante. Allí las
pérdidas rondan el 5/6 %. Durante el Propeco se redujeron al 3 y 4 %. En soja,
el perjuico va del 5 al 7 %, pero lo deseable sería un 3 por ciento. Vicente
Rister, de la Estación Experimental de Sáenz Peña, Chaco, señaló que, años
atrás, el algodón era el principal cultivo regional mientras que ahora lidera la
soja, seguida del girasol. "Las pérdidas son superiores al 6 y 7 por ciento, en
general, y en cultivos como el maíz se acentúan porque nos están faltando
equipos maiceros", comentó. Encima, en la región operan muchas máquinas
obsoletas en las que "hemos medido pérdidas del 20 por ciento".
En Salta, como en todas partes, irrumpió la soja aunque sin hacerle perder peso
económico ni competitividad al poroto, cuya producción va casi totalmente al
exterior. Como es un producto que luego de cosechado tiene por destino el
consumo directo, "grano que la cosechadora quiebra, grano que hay que desechar",
precisó Mario Desimone, de la Estación Experimental de Salta. En poroto, la
pérdida se sitúa "en 10 a 11 por ciento". Parte del problema es que los
productores y maquinistas "dejaron de medir". El poroto blanco se cotiza a US$
550 la tonelada y en algunos años a US$ 700, perderse entre 55 y 70 dólares por
ha es un pésimo negocio. En poroto negro se despilfarran entre 30 y 40 dólares
por hectárea. "Lo interesante es que lo que proponemos a los productores no es
que compren tal o cual máquina, sino que simplemente los exhortamos a que midan.
Esto es de costo cero", dijo Desimone.
Es completamente distinta de las anteriores la realidad de Juan Carlos
Rodríguez, de la Estación Experimental Balcarce, a cuya zona podría
caracterizársela como de un "mix" agrícola clásico -soja, maíz, trigo y cebada-
con un buen nivel tecnológico. El déficit no se advierte tanto en cosecha y sí,
en cambio, en los procesos de poscosecha. En trigo se seca un 30% de la
producción: de ese volumen se comprobó que el 70% estaba mal secado y no sirve
para panificar por más que se lo mezcle con un buen corrector.
El objetivo está fijado. Ahora hay que poner manos a la obra. Trescientos
millones de dólares no son una suma para perderla en medio del campo.
Por Juan Carlos Vaca
Mermas en el silaje y en el
transporte
"El productor guarda casi el 50 por ciento de los granos en bolsas plásticas y
en sistemas tradicionales de silos de chapa, celdas o malla de alambre. No
estaba acostumbrado a hacerlo y por eso todavía no domina adecuadamente el
proceso", advierte el ingeniero Cristiano Cassini, uno de los responsables del
programa de cosecha y poscosecha de granos que está poniendo en marcha el
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
El técnico enumera algunas de las fallas que se detectan en poscosecha:
Silo bolsa. La falla mayor radica en la falta de cuidado de la bolsa. Hay una
diferencia abismal entre cosechar y guardar en bolsas plásticas granos húmedos o
granos secos. El productor cree que todo es igual.
Silo de chapa en chacra. Mucha gente está haciendo silos de chapa sin tener en
cuenta que también necesitan un sistema de acondicionamiento primario de granos.
Hay que anexar una buena aireación y ventilación.
Transporte primario de chacra a las plantas de acopio. En cosecha hay mucho
déficit de transporte y se está usando cualquier tipo de camión, muchas veces no
apto, que pierde muchos granos por el camino.
En tanto, Oscar Pozzolo señala por qué vale la pena tener estos cuidados: "Un 4%
de pérdida en la cosecha de un cultivo parecería poco. Pero basta un ejemplo
para darse cuenta de lo contrario: una soja que rinde 3000 kilos promedio a un
productor que está arrendando el campo, le dejará de margen neto entre 3 y 4
quintales. Las pérdidas que se producen en cosecha son pérdidas netas. Aquel 4%
sobre el total del cultivo afecta directamente la rentabilidad porque representa
120/130 kilos que se están perdiendo o, lo que es lo mismo, es un 40 % de
pérdida en el margen de ganancia, en el ingreso neto. Es una cifra muy
categórica y dolorosa".