Los productores santafesinos enfrentan un particular problema: la desaparición de la
flora apícola. Además, ya no pueden ofrecer los servicios de polinización, que les
aseguraban un ingreso fijo.
El ingeniero agrónomo Ernesto Fabián Pasquini, secretario administrativo de la
Asociación de Apicultores de Venado Tuerto y promotor asesor del Programa Apícola de
Santa Fe en el departamento General López, aclara que las sanciones por dúmping de los
Estados Unidos es uno más de los problemas que desde el año pasado amenazan a la
actividad en la zona sur la provincia. Santa Fe tiene el 20% de las colmenas del país y
de la producción nacional.
¿Qué factores atentan contra la producción apícola en la región?
Nuestra zona pasó de ser agrícola ganadera a ser netamente sojera. Y el auge de la
siembra directa, que implica la utilización de químicos y la limpieza de los alambrados,
derivó en la desaparición de la flora apícola: ya no hay cardos, trébol blanco y rojo
ni alfalfa. Incluso, gran parte de este forraje tampoco alcanzaba la floración a raíz de
la implementación de su corte mecánico.
Además, esta zona perdió su característica de concentradora de semilleros de girasol
híbrido, un negocio en el cual era referente y que demandaba el servicio de polinización
contratado. Esta actividad representaba para los apicultores del departamento de General
López, norte de Buenos Aires y sureste de Córdoba un ingreso fijo que generalmente
dedicaban a incrementar su producción.
¿Qué pasó con los semilleros?
El año pasado comenzaron a desplazarse hacia el sur, hacia el centro de la provincia
de Buenos Aires, y así disminuyó en forma drástica la superficie de siembra en la zona.
¿Cuáles son las razones?
El retiro de girasol se debe a la disponibilidad de tierras que habían sido preparadas
para la siembra de cebollas con destino al Mercosur, y que contaban con sistema de riego
seguro por acequias. Este negocio no se concretó y quedaron los terrenos libres. Los
semilleros vieron la oportunidad y se dirigieron hacia allí, en zonas que cuentan con la
ventaja adicional de un clima más seco.
¿Qué sucede entonces con los apicultores?
Ante la disminución de la flora apícola y la ausencia del ingreso por servicios de
polinización, para permanecer en la producción debe trasladar una parte o el total de
sus colmenas. Esto implica costos de transporte y contratación de personal, entre otros
gastos que bajan las ganancias de sus empresas, en general de tipo familiar. Hay casos
extremos: apicultores de 3500 colmenas se han instalado en La Pampa, donde levantaron
galpones y armaron salas de extracción.