Pla
SA ampliará su fábrica en Santa Fe
 La empresa Pla SA, dedicada a la fabricación de pulverizadoras de arrastre
y autopropulsadas y de sembradoras, está finalizando la última etapa de un
plan de inversión por 6 millones de pesos destinado a ampliar de 4000 a
13.000 metros cuadrados cubiertos una planta que posee en la localidad
santafecina de Las Rosas, a la vera de la ruta 178.
Hace unos meses, la empresa comenzó a realizar trabajos para concentrar la
fabricación de todos sus equipos en un mismo lugar y así poder trasladar
la producción de pulverizadoras que ya realizaba en una planta ubicada en
el centro de la ciudad. Por eso, ahora buscará llegar a tener en febrero o
marzo próximos una planta unificada con 9000 metros cuadrados y luego
tratará de incrementar ese espacio a 13.000 metros cuadrados cubiertos.
En la actualidad, la firma fabrica alrededor de 40 pulverizadoras
autopropulsadas por mes y cerca de 30 sembradoras. En el primer segmento
de equipos (un mercado que mueve unos 60 millones de dólares en el país),
Pla es una de las firmas líderes junto a Metalfor, de Marcos Juárez.
"Estamos terminando la primera etapa de la ampliación. Vamos a integrar
toda la producción en una nueva planta", dijo a LA NACION Nancy Zanuzzi,
gerente de Marketing de la compañía.
Uno de los motivos de esta inversión fue la necesidad de aumentar la
calidad de la producción y de disponer de una mejor planta de pintura para
los equipos. "Necesitamos tener una buena planta de pintura. Además,
queremos tener instalaciones para desarrollar grandes producciones en
serie y seguir mejorando la calidad", señaló el ejecutivo.
Según comentó Zanuzzi, la empresa, que tiene unos 400 empleados, comenzó a
realizar esta inversión con recursos propios y sin recurrir al
financiamiento externo. "Esto es importante para nosotros porque decidimos
hacer la inversión aun cuando el gobierno nacional nos debe unos 6,5
millones de pesos en concepto de reintegros atrasados", afirmó.
En busca de nuevos destinos
Además de colocar su línea de equipos agrícolas en el mercado interno, la
firma exporta parte de su producción a Bolivia, Paraguay y Uruguay, entre
otras plazas.
También busca conquistar nuevos destinos, como Rusia y Lituania, con el
envío de máquinas para que los productores de esos países conozcan el tipo
de producto que fabrica en Las Rosas. "La empresa está realizando un
esfuerzo muy significativo para incluir nuevos destinos. Somos plenamente
optimistas acerca de las posibilidades de la exportación", subrayó Zanuzzi.
Si bien hay una importante variabilidad en los precios de las
pulverizadoras autopropulsadas, ya que fluctúan según su modelo, el
equipamiento incorporado y la capacidad de trabajo, entre otras
características, la firma ha exportado cada máquina en valores de entre
80.000 y 110.000 dólares, aproximadamente.
Aparte de apostar a la exportación directa, la empresa está construyendo
una planta de 6000 metros cuadrados cubiertos en Porto Alegre, Brasil.
Este plan de expansión hacia el vecino país contempla una inversión de 1,5
millones de dólares, aproximadamente. "Creemos que Brasil es un mercado
muy atractivo para nuestros productos. Nos radicamos allí para poder
venderlos. En un principio vamos a hacer [pulverizadoras]
autopropulsadas", expresó el ejecutivo de la empresa santafecina.
Emprendedores
Un
ingeniero reinventa el uso de la rosa mosqueta
Su empresa exporta cascarillas a Europa por US$ 180.000
Miguel Sampedro, un ingeniero de 28 años, encontró la forma de procesar la
rosa mosqueta sin originar desperdicios y creó el año pasado Patagonia
Natural Products, una empresa que desde Chubut comercializa los derivados de
este fruto en el exterior. Sampedro tenía un buen trabajo en una
multinacional, pero quería tener un proyecto propio y dejó la empresa. Luego
de un año sabático, visitó el campo de su novia en la Patagonia y descubrió
la abundancia de rosa mosqueta en la región. Allí le comentaron los usos
medicinales de la planta. El ingeniero empezó a investigar el tema.
"En Buenos Aires me puse a estudiar la mosqueta día y noche. En ese momento,
conseguí una beca en el centro de emprendedores del ITBA y ahí fue cuando el
proyecto empezó a tomar forma", relató.
El emprendedor diseñó una planta procesadora y con un plan de negocios fue
en busca de inversores. Consiguió tres socios capitalistas, que colocaron
US$ 400.000. Con ese dinero construyó la primera fábrica que se especializa
en el procesamiento de la mosqueta de Trevelin.
"En la planta limpiamos, secamos y procesamos el fruto. Por un lado, se
obtiene la cascarilla, que la vendemos a las firmas de tes. Por el otro, se
consiguen las semillas, que se prensan para obtener el aceite para la
industria cosmética. Lo que queda luego es la pelusa que rodea a la
semilla", explicó Sampedro. "Pero no la tiramos -continuó-. Se la damos a la
gente de la comunidad que la usa para lograr un mejor fuego en las
chimeneas. En otras palabras, no tenemos desperdicios y todo tiene
utilidad."
El ingeniero explica que la abundancia de la planta es tal que no resulta
rentable sembrarla. La mosqueta tiene una vida útil de 60 años y ahora
Sampedro está delineando un desarrollo de cultivo intensivo para no depender
tanto de los recolectores. Desde un principio, el emprendedor dirigió sus
productos al exterior. Según señala, Europa es el principal importador de
este producto y por eso partió rumbo a Alemania para promocionar la empresa
en una feria de alimentos. "Fue difícil porque apenas decía de donde venía
me cerraban las puertas. Los importadores me respondían que sólo le
compraban a Chile, que es el mayor productor. Pero finalmente conseguí a los
primeros clientes que compraron las cascarillas para hacer té", señaló.
Así, Patagonia Natural Products embarcó tres grandes contenedores para
Alemania por US$ 180.000. Ahora, su representante comercial en Europa está
negociando más exportaciones a ese país y a España. Según Sampedro, la
oferta del aceite esencial todavía está desarrollándose. Recientemente,
compró prensas modernas para acelerar el proceso y conseguir clientes de la
industria cosmética. "El aceite de mosqueta -dice- tiene un alto contenido
de retinol, un ácido muy utilizado por los laboratorios, que mejora la
calidad de la piel. La idea es dirigir el producto a las firmas locales y
extranjeras."
Valor agregado
Al tiempo de haber iniciado la producción de derivados de mosqueta, Sampedro
comenzó a estudiar los hongos morilla que se dan en la zona. Se trata de una
variedad que no es cultivable y su precio es tan alto como el de las trufas
(por 100 gramos el público europeo paga unos 45 euros).
Al reconocer un nuevo negocio, Sampedro adaptó la tecnología de la planta
para secar y limpiar las morillas y recientemente concretó su primera
exportación a Francia por un valor de US$ 20.000. "Los hongos no abundan
como la mosqueta y no podemos comprometer grandes envíos. Por eso, los
estamos dirigiendo a los restaurantes y negocios gourmet -explica-. Dentro
de poco vamos a tener una novedad para el mercado: estamos armando un
desarrollo para darles valor agregado."
Actualmente, el ingeniero está trabajando con el INTA en un proceso que le
permitirá utilizar las semillas como alimento balanceado. En su empresa ya
trabajan 10 personas.
Mercedes García Bartelt
emprendedores@lanacion.com.ar
|
|
|