 La
importancia de la calidad del agua en el tambo
Fuente:
Ing. Agr. Miguel Taverna y la Ing. P.A. Verónica Charlón
La importancia de la calidad del agua en el tambo puede analizarse desde tres
ópticas diferentes: el agua como nutriente, el agua como medio para limpieza y el agua
como recurso natural.
El agua es el nutriente más consumido por las vacas lecheras. Los bovinos en general y
las vacas lecheras en particular, necesitan consumir importantes cantidades de agua (de 2
a 4 litros de agua por kilogramo de materia seca ingerida). Paralelamente a estos
requerimientos cuantitativos, la composición físico-química del agua consumida puede
condicionar el potencial productivo de los animales.
Las alternativas que tienen los productores para solucionar estos problemas son limitadas.
Dentro de un mismo predio pueden encontrarse modificaciones en la composición
físico-química del agua de bebida; por este motivo, no habría que limitar la búsqueda
a una sola perforación. Por otro lado, existen en el mercado alternativas de tratamiento
de agua (filtrados, tratamientos magnéticos, ósmosis inversa, etc.) que posibilitan
corregir algunos de estos problemas. El inconveniente mayor lo constituye el costo de
estos equipos. Actualmente en la EEA Rafaela se inició un trabajo tendiente a evaluar el
impacto sobre la producción y la calidad de leche de alternativas de tratamiento de agua
con problemas. Los resultados podrían permitir realizar un análisis económico sobre la
conveniencia de su adopción en el tambo.
Los porcentajes de tambos mencionados son el resultado de un relevamiento realizado en 151
establecimientos de la referida cuenca.
El agua para la limpieza
Lavado de los pezones:
El correcto lavado de los pezones previo a la colocación de las pezoneras constituye una
práctica imprescindible para limitar la contaminación bacteriana de la leche. El agua se
utiliza como medio para disolver y arrastrar la suciedad presente en los pezones. Para el
lavado se requiere agua no contaminada bacteriológicamente.
Se puede
inferir que el agua disponible en los tambos presenta recuentos de bacterias que superan
ciertos umbrales máximos de aceptación. El Código Alimentario Argentino denomina agua
potable a aquella que tiene igual o menos de 3 coliformes (NMP/100ml). Los motivos de esta
contaminación son diversos, pero en general se produce después de que el agua es
extraída. Este hecho puede observarse a través de los resultados de un relevamiento de
agua tomando muestras a la salida del bombeador y otra en la canilla de agua de la sala de
leche. La falta de mantenimiento del tanque depósito explica, en gran medida, este
importante incremento en los recuentos.
El incremento registrado entre la bomba y la canilla se deduce de un recuento total
bacterias mesófilas, del 95%, y de Coliformes, del 48%.
Para revertir estos efectos, se debería comenzar por un correcto mantenimiento de las
instalaciones de agua. En segundo lugar, el agua contaminada debe ser clorada (0,3-0,5
mg/l de cloro activo) para que resulte microbiológicamente potable, a través del
agregado de cloro (por ejemplo, hipoclorito) a la perforación o al tanque. Otra
alternativa es instalar un sistema que dosifique automáticamente el desinfectante con el
paso del agua al tanque.
Lavado de ordeñadoras y equipos:
Los aspectos de la calidad de agua que tienen una influencia sobre la
sanitización del equipo de ordeño y tanque de frío son los siguientes:
- La dureza total o grado
hidrotimétrico: es la suma de la concentración de dos cationes alcalinos térreos
magnesio (Mg) y calcio (Ca). Se expresa normalmente como miligramo de
Carbonato de Ca (CO3 Ca) por litro de agua.
- Los resultados muestran
claramente que la mayor parte del agua empleada para el lavado presenta una dureza
elevada.
- La solución de esta
problemática implica la utilización de detergentes y de rutinas de lavado del
equipamiento adaptadas a esta realidad. La formulación de los detergentes utilizados en
agua dura deben privilegiar dos aspectos:
1. Poder antiincrustante:
Para impedir la formación de incrustaciones, los detergente utilizan en su formulación
secuestrantes o complejantes que tienen la función de impedir las sales insolubles.
2. Poder desincrustante:
En el caso particular de la máquina de ordeñar, las incrustaciones están constituidas
por una deposición mineral proveniente del agua (normalmente de naturaleza calcárea) y
de la leche (fosfato, carbonato y lactato de calcio). Están formados por ácido
fosfórico u otros compuestos ácidos que tienen como finalidad remover residuos
resistentes que se forman en el equipo.
Complementariamente
al lavado alcalino, las rutinas de lavado deben contemplar la utilización del lavado
ácido. Cuando el agua es blanda se sugiere utilizar una frecuencia semanal. En el caso de
agua dura o muy dura, el lavado ácido debe ser de 2 a 3 veces por semana. La secuencia
sería: enjuague inicial, lavado alcalino, enjuague, lavado ácido y enjuague final.
Se debe partir de un agua microbiológicamente potable. Si además se pretende practicar
una desinfección de los equipos de ordeño y de enfriado se debe utilizar una
concentración mínima de 100 mg/l de cloro activo o 50 mg/l de yodo.
Pisos y paredes del tambo:
Las exigencias bacteriológicas no son en este caso tan estrictas. Sin embargo, se
debería evitar el uso de agua contaminada que genere focos infecciosos en el tambo. El
diseño de las instalaciones debe posibilitar la ventilación y el secado de los pisos.
Los peligros
del mal uso
Los
países que han intensificado su producción agrícola y ganadera pueden demostrar
perfectamente que ciertas prácticas asociadas con este proceso son copartícipes del
deterioro de la calidad del agua de una región.
Si bien nuestra producción de leche está lejos de los niveles de intensificación
asociados con estos problemas, ciertas prácticas como, por ejemplo, el manejo de los
efluentes del tambo pueden tener un efecto negativo en el caso de que no se tomen las
debidas precauciones.
En tal sentido, las recomendaciones prácticas se centrarían en una correcta
planificación del almacenamiento y uso posterior de los efluentes. El sistema de
almacenamiento elegido debería evitar la contaminación de las napas por infiltración
(para lo cual se debería utilizar algún sistema de impermeabilización) y estar ubicado
a una distancia mínima de 50 metros de la perforación de agua, del tambo y de la casa de
familia. En cuanto al manejo de los efluentes, la recomendación sería evitar los
encharcamientos en el momento de su aplicación. Esto limita las posibilidades de
contaminación de cursos de agua, canales, cunetas.
La disponibilidad de agua y la calidad de la misma son fundamentales para una producción
eficiente de leche. Al mismo tiempo, su calidad (tal vez asociada al concepto de agua
segura utilizado en la propuesta del Senasa) aparece como un criterio fundamental para
garantizar el logro de calidad de leche.
Debemos preservar la calidad del agua adoptando prácticas que respeten el ambiente. En
tal sentido, algunas predicciones realizadas por investigadores (catalogados como
pesimistas, por algunos, o como realistas, por otros) mencionan que, de no adoptarse las
medidas adecuadas, con el correr del tiempo será más costoso potabilizar un litro de
agua que producir un litro de leche. Si bien este problema es responsabilidad de muchos,
la producción agropecuaria no puede mantenerse al margen.
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Informe del
Sistema de Alarma de Plagas |
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