
La importancia de los probióticos para una
completa nutrición animal
Fuente: Universidad de Missouri
El conocimiento de los efectos benéficos de
algunas de las bacterias de la flora intestinal se inicia a principios de siglo con los
trabajos de Metchnikoff. Desde entonces, y a lo largo de estos casi 100 años de estudio,
autores muy diversos se han esforzado en conocer las distintas funciones de los
microorganismos que pueblan el tracto digestivo. A pesar de ello, algunas de sus acciones
no están bien precisadas. Por otra parte, una vez comprobado que algunas bacterias
intestinales, adicionadas al pienso o al agua de bebida, determinaban una respuesta
favorable en producción animal, se intentó enmarcarlas en un grupo específico.
Sin embargo, la propia heterogeneidad de los microorganismos experimentados no
facilitó este propósito. De igual forma, no se ha resuelto una denominación técnica
específica que permitiera su diferenciación de otros aditivos o sustancias no
biológicas, considerados con efectos estimulantes de la producción animal. Así, en
1974, surgió el término probiótico, en oposición al de antibiótico. La idea, que en
su etimología parecía adecuada, no era, sin embargo, totalmente correcta. Probióticos
son todas las sustancias de carácter nutritivo, por ejemplo, y no sólo determinados
microorganismos. Incluso los antibióticos gozan de esa duplicidad antagónica de acción
probiótica y antibiótica, según la especie animal. El concepto de aditivo biológico no
parece tampoco reflejar con exactitud cuanto de específico y diferencial tiene este grupo
de microorganismos, cuyos efectos enzimáticos son muy distintos de los que corresponden a
su acción antagónica microbiana.
Aditivos biológicos
Hasta el momento de nacer, el aparato digestivo del feto (mamíferos) o del embrión
(aves) es estéril. La colonización microbiana, sin embargo, es extremadamente precoz y
rápida alcanzando cifras próximas a los 1010 microorganismos por gramo de heces a partir
de las 48 horas del nacimiento. Un 20% de esta biomasa microbiana permanece sin
identificar, y aun cuando las bacterias están representadas fundamentalmente por
enterobacterias y anaerobios (facultativos y estrictos) las variaciones entre las especies
animales son muy amplias. Así, por ejemplo, el intestino de los gazapos carece de
lactobacilos en las primeras semanas de edad.
En todo caso, cualquiera que sea el animal, la luz intestinal va a colonizarse por la
flora ambiental y la de la propia madre. Antes de los 7 días de vida se puede considerar
que la colonización y el estándar microbiano intestinal quedan plenamente establecidos y
diferenciados.
Funciones y equilibrio de la flora intestinal
La mayor parte de los autores aceptan que la flora intestinal influye directa e
indirectamente en el estado de salud del hombre y los animales a través de las siguientes
funciones:
- Producción de vitaminas y ácidos grasos de cadena corta
- Degradación de sustancias alimenticias no digeridas
- Integridad del epitelio intestinal
- Estimulo de la respuesta inmunitaria
- Protección frente a microorganismos enteropatógenos
La estabilidad de la flora microbiana intestinal es imprescindible para que estas
funciones puedan desarrollarse. Y, sin embargo, el tracto digestivo no es un sistema
biológico cerrado. Diariamente, con el alimento se vehículan y afluyen a la luz
gastrointestinal gérmenes y sustancias diversas no habituales, que resultan normalmente
inofensivos debido a los múltiples mecanismos de defensa que las bacterias ponen en
juego.
El desequilibrio microbiano intestinal
En determinados momentos de la vida del animal factores exógenos diversos (cambios de
alimentación, infecciones y parasitismos, tratamientos con antibióticos etc.) provocan
la ruptura del equilibrio intestinal y todo el sistema digestivo se ve afectado en mayor o
menor grado. El primer síntoma de esta ruptura es la diarrea, expresión de la debilidad
de las defensas intestinales que posibilita a los gérmenes patógenos implantarse,
adherirse y proliferar en las células epiteliales del intestino.
La diarrea no sólo supone un déficit en la absorción del agua sino también de
numerosas sustancias nutritivas. De la gravedad de la deshidratación y del desequilibrio
electrolítico consiguiente dependerá, incluso, la vida del animal. Junto a estas
alteraciones en el "estado hídrico", y una vez provocado el cambio
cuanti-cualitivo bacteriano intestinal, nuevos agentes infecciosos pueden asentar en otros
tejidos del organismo.
Supuesto que los factores determinantes de la ruptura del equilibrio de la flora
intestinal son múltiples, y la prevención de este desequilibrio en producción animal
adquiere un gran significado económico, es fácil comprender las razones por las cuales
han sido numerosas las investigaciones dirigidas a la obtención de productos químicos o
biológicos, capaces de evitar o prevenir las alteraciones en el ecosistema digestivo.
Fruto de estas investigaciones ha sido el descubrimiento de microorganismos específicos
que, administrados regularmente, son capaces de mantener la normalidad de la flora
intestinal de los animales.
Aditivos biologicos y caracteristicas exigibles
Durante algunos años, se ha venido recomendando que los microorganismos susceptibles
de emplearse como aditivos fueran especies o cepas vivas de microorganismos capaces de
adherirse a las células epiteliales y multiplicarse seguidamente. Sin embargo, las cepas
de otras bacterias, como el Bacillus cereus, a pesar de no adherirse al epitelio
intestinal se ha mostrado plenamente eficaces como bio-reguladores. Su acción, por tanto,
no depende de su capacidad de adherencia, sino de su capacidad de colonización.
Esta distinta capacidad de adherencia de los gérmenes utilizables como bio-aditivos
nos lleva a comprender que su administración a los animales varíe de unos
microorganismos a otros. Así, aquellos que se adhieren a las células epiteliales pueden
administrarse a intervalos de 3-4 días. Aquellos otros que no se adhieren, han de
administrarse de forma continuada, como ocurre, por ejemplo, con las levaduras: no son
huéspedes habituales de la flora microbiana digestiva de los monogástricos y así el
Saccharomyces cerevisiae circula a lo largo de todo el tracto digestivo bajo una forma
viva y activa sin adherirse a las paredes del tracto digestivo.
El metabolismo de la levadura situada en condiciones anaerobias (sin oxígeno),
aprovecha al animal y a su flora poniendo a su disposición enzimas, vitamina B,
aminoácidos, minerales, iones metálicos y otros cofactores importantes.
A modo de resumen puede decirse que estos productos biológicos han de reunir las
siguientes características:
- Alta concentración de microorganismos viables.
- Estabilidad en condiciones ambientales normales por un período no inferior a 30 días.
- Capacidad de las cepas para colonizar el tracto digestivo.
- Influir de modo favorable sobre la flora intestinal y el estado de salud de los animales
(efecto sanitario).
- Mejorar los índices de producción (efecto zootécnico).
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