Algodón:
preparación del suelo y siembra directa
Fuente:
INTA
Según sus características, las labranzas para el algodón se pueden dividir en
superficiales, profundas (con o sin inversión) y aquellas referidas a la preparación de
la sementera.
Labranzas
superficiales
Se
realizan para la semi-incorporación del rastrojo del cultivo anterior, o para el control
de malezas. El implemento ideal es el arado múltiple o rastrojero. Se cuenta también con
las rastras de tiro excéntrico y las rastras de discos convencionales (semipesada y
pesada), que ejecutan un trabajo aceptable con una sola pasada del implemento. La
profundidad de labor está en los 12 a 15 centímetros.
También se puede recurrir a este tipo de labranzas durante el período de barbecho,
incluyendo el cultivador de campo para controlar las malezas presentes y acondicionar el
suelo en la preparación de la sementera. Cuando se trate de rastrojos de gran volumen es
aconsejable primero el uso de una desmenuzadora para picar el rastrojo y así facilitar la
incorporación y rápida descomposición de los residuos del cultivo anterior.
Labranzas profundas
Se
recomienda realizar labores profundas (18-25 cm) sin inversión del suelo (arado de
cinceles), dejando la cobertura existente en superficie o semi-incorporado. Cuando el
perfil del suelo está húmedo conviene colocar detrás del cincel una rastra de dientes
para evitar pérdida por evaporación (hay arados de cinceles que traen peines u otros
dispositivos que cumplen con este objetivo).
Preparación de la
sementera
Las
labranzas dependerán del tipo de suelo. Normalmente los suelos livianos requieren menos
pasajes de implementos que los suelos pesados. Si las labranzas superficiales y/o
profundas se efectuaron en época y oportunidad aconsejadas, la preparación final de la
sementera se limitará al pasaje de la rastra de discos (en tándem con rastras de
dientes) o cultivador de campo. En casos muy especiales, se justificarían dos pasajes
(suelos desnivelados o con muchos cascotes). Los implementos utilizados en esta operación
trabajan entre 6 y 8 cm de profundidad y a una velocidad que varía de 6 a 10 km/hora.
Simultáneamente se puede incorporar herbicidas al suelo.
Siembra directa
La siembra
directa es otra práctica para minimizar las perdidas de suelo, mantener cobertura
vegetal, mejorar las condiciones físicas y químicas.
- Si bien las experiencias son
recientes, se puede acotar lo siguiente:
- Posibilita la siembra sin
laboreo previo; la cobertura presente sirve de protección a las jóvenes plantas de
algodón contra la erosión del agua y de los vientos.
- Los suelos destinados a
siembra directa no deben estar excesivamente degradados. Si existen horizontes compactados
(piso de arado) conviene eliminarlos antes de realizar esta práctica.
- Se aconsejan rotaciones con
cultivos que generen abundante rastrojo (12-15 ton/ha) como sorgo y maíz y no escardillar
los lotes destinados a siembra directa (suelo nivelado).
- Esta práctica se manifiesta
positiva después del 4º o 5º año de implementación. Los primeros años se presentan
deficiencias de nitrógeno. Se deben hacer fertilizaciones de pre y post-siembra.
- No conviene la siembra directa
en suelos que se encharcan fácilmente, o que sean de textura superficial pesada.
- Se debe desmenuzar el rastrojo
anterior, buscando dejar las plantas ancladas al suelo y minimizando la posibilidad de
arrastre del rastrojo picado.
- Planificar la rotación,
considerando la residualidad de los barbechos utilizados en el cultivo anterior.
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El
azafrán, una opción para cultivar en pequeñas extensiones |
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Forestación:
tecnología de cultivo y posibilidades de mercado |
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