El rifle sanitario dejó de preocupar a un grupo de productores que encontró un nuevo
modelo de reconversión en la cría de pacú. El gran atractivo de este pez es su sabor y
de allí que, por ahora, la zona del Litoral sea privilegiada en el país, ya que
solamente en sus ríos se lo puede encontrar.
Ese gusto singular es el que dio origen a su nombre regional: el lechoncito del
río.
Esta experiencia de criar pacúes en estanques, como la que se propicia desde Clorinda,
ha tenido auge a partir de la demanda de importantes cadenas de supermercados del país,
sobre todo de la prestigiosa Carrefour.
El pacú es un pez omnívoro, es decir que no descarta nada, todo lo consume. Pero los
pescadores de río, como el experimentado Reynaldo Saporiti, confían que le gustan
sobremanera el cangrejo y las frutas silvestres, particularmente el mataojo, que crece en
las riberas de los ríos.
Los amantes de la pesca lo tienen entre sus preferidos, junto con el surubí y el
dorado. Pero están advertidos de que es exageradamente escurridizo, ya que al menor ruido
los cardúmenes desaparecen de las cercanías de los anzuelos.
En el caso de los pacúes de río, las dimensiones llegan hasta los 60 u 80
centímetros de longitud, con un peso que alcanza hasta los 18 kilogramos.
Es distinta la historia de los que viven en cautiverio, donde el kilaje no supera los
dos kilos y habitualmente fluctúa entre 1200 y 1700 gramos, algo que se justifica por las
exigencias de la comercialización. Su longitud es de 35 centímetros.
En este caso, se nutre de alimentos balanceados que se preparan a base de granos, como
soja, sorgo, arroz y maíz, y de los subproductos de la industria aceitera.
Tiene forma ovalada, de plato,y una coloratura de piel amarillo-amarronada, siendo mas
oscuro el lomo y más clara la panza, que es pronunciada.
Sus dientes son cortos, tipo molares, aunque extremadamente fuertes. Los pescadores
deben apelar a su destreza para evitar que les corte los anzuelos. Pero es no peligroso
para el resto de los peces ni los humanos, como ocurre con la piraña, de características
parecidas a las del pacú aunque altamente predadora.
Es un pez gordo, inconveniente para quienes son delicados de salud, ya que aporta una
alta cuota de colesterol al organismo. Pero hay quienes opinan que las grasas de los peces
no son dañinas pues tienen un alto contenido de ácidos grasos del tipo omega 3. En el
caso de los peces en cautiverio, como ocurre en Clorinda, es controlable el contenido
graso porque depende de la administración y calidad del alimento suministrado.
Esa característica es la que obliga a cocinarlos a la parrilla o al horno para que el
desgrase sea casi total. El procedimiento lleva poco más de una hora. Se los condimenta
con sal, ajo y limón y, en algunos casos, se le agregan salsa de tomates y crema de
leche.
El pacú es un pez al que debe cocinárselo íntegro, ya que no es posible filetearlo
porque las espinas van mechadas entre las carnes blancas, Según el ingeniero Néstor
Gromenida, técnico en piscicultura, para un proyecto de una hectárea, las inversiones a
realizar son las siguientes: $ 5000 para la construcción de la pileta, 4000 pesos para la
compra de 4000 juvelines de pacú de entre 200 y 250 gramos -pese a que se elige porque de
ese modo están protegidos de las aves predadoras y demandan menor tecnología para la
crianza- y 6000 pesos para la compra de 12 toneladas de alimentos balanceados, que se
utilizan en todo el ciclo, de seis meses de duración, que se extiende en estas zonas
subtropicales entre octubre y abril.
La incidencia del costo de la mano de obra es menor, ya que se limita a la
alimentación de los peces dos veces al día, la observación constante -para evitar la
acción depredadora y controlar si el oxígeno disuelto es el suficiente- y la
realización de las biometrías -mediciones- cada 20 días. La recaudación por hectárea
al momento de la cosecha asciende a la suma de $ 18.000 en promedio. En el segundo ciclo
la ganancia es mayor, ya que no se contabiliza el valor del estanque.
Entre las ventajas de la crianza en estanques o piletas figura el tema de la
comercialización pues el procedimiento no está sujeto a vedas, como ocurre en los ríos,
por lo que se pueden realizar ofertas durante todo el año. Los peces allí están libres
de contaminantes, ya que se utilizan para la cría aguas controladas en cuanto a su
procedencia y calidad.
Desde el punto de vista ecológico, la cría de peces actúa como una descompresión de
la agresión sobre los recursos naturales, al ofrecerle al mercado productos de criaderos.
Una receta complementaria es la siguiente: se corta el pez en dos mitades, se
condimenta con sal y limón abundantes y se deja reposar media hora. Luego se lo cocina
hasta dorarlo, a la parrilla, durante 20 o 30 minutos, a fuego fuerte. Enseguida se lo da
vuelta por unos cinco minutos y se perfora la piel para una eliminación de la grasa que
queda entre la carne y aquélla.